¿De qué estará hecha la magia de un verso?
Yo sólo siento y escribo minutas.
Lanzo desnudas mis líneas al aire,
como campanas de un templo que llaman
sólo al que quiere escucharlas de veras.
Para los otros son lascas de un ruido
sumado al fondo escamoso de la urbe.
No tañen para atraer ni llamar,
no intentan enviar mensaje ninguno.
Estas campanas buscan resonancias
en otras cuerdas y en otros laúdes,
por concebir cierta complicidad
secreta e íntima con algún alguien
que descubra conmigo el infinito
en los virtuales fractales de un junco.
Mis líneas miran por las cerraduras
tras reptar por debajo de las puertas,
hallan rincones cubiertos de polvo,
hurgan debajo de muebles y alfombras
cual indiscretas espías de los otros
-y de este yo que aún desconozco-
luego se transforman en espejos
que truecan la concreción en poesía.
Son como ciegas lombrices que cavan,
abriendo espacios en la oscuridad;
inhalándola desde cada poro,
vacías a ultranza se beben la savia
más liberiana de cada follaje,
al descubrir las raíces de todo.
Mis versos son mariposas que besan
los bordes de las túnicas del alma,
rozando cuerdas de un harpa secreta
que cada cual bajo la piel se guarda,
sin saber cuál será su melodía.
Perdón por su ponencia irresponsable,
si hacen llorar a un lamento dormido
con alguna involuntaria estridencia.
Al ser mis versos de etérica hechura
son como sombras errantes que chocan
con otras sombras que vagan por dentro,
ciegos fantasmas y monstruos ocultos
que es mejor ignorar por el bien nuestro.
Mas por descuido quizá masoquista
ciertas líneas retrotraen sus vilezas
y avergonzadas más tarde se esconden.
Mis torvas líneas se muerden la cola,
intentando devorarse a sí mismas,
a sabiendas de que nunca debieron
compartir el amargor de mi pluma
y menos el horror de ciertas noches
en las que sólo deseaba zaherir
todo lo que se pusiese a mi alcance,
hubiese lugar o no a las diatribas.
¿Qué ocurrirá con mis líneas ofidias
al concluir su macabra autofagia?
¿Qué harán sus fauces hambrientas de odio?
Mis líneas son hibridas del bien y el mal,
porque estoy hecho de esas dos arcillas:
dos que luchan entre sí por aflorar,
sin querer van entremezclándose
con los vaivenes de la existencia,
y nada es bueno ni malo del todo.
Una y otra vez retorno a la rueda
necia e implacable del karma mundano
cierto de que el bien y el mal son simbiosis
y que su mezcla comporta el deleite
del verdadero libre albedrío
consciente del pecado y del castigo.
Mis líneas son nada y quieren ser tanto…