Para Yash
Al igual que tú, distante amigo,
Nunca podré alcanzar la cella de tus poetas
El verdadero aroma sensual de sus jardines,
El titilante fulgor de sus altas estrellas,
El enervante rumor de sus calmas corrientes,
Ni el ondulante danzar de juncos y cinturas,
Al son de tablas, binas y sitares,
Por el absurdo designio de alguna Babel.
Que ha maldecido el cabal sabor de las poesías
Con las intraducibles músicas de nuestras lenguas.

Llega el monzón del verano a irrigar o a inundar
la esperanza de los campos y la sed de las urbes
impredecible, como el favor de las mujeres.
Tan añorado y frecuentemente pernicioso,
se abate sobre el lúbrico umbral de mi deseo
de labranza en los surcos de los acres femeninos
en campesina complicidad y contubernio,
de drenar sus callejuelas y suburbios
hasta hallar la ciudadela de su asaz delirio.
Desde otro océano este monzón perturba las costas
desguarnecidas de otras Ghats y otro Kerala
al suroeste de mi propio continente,
rociando apenas de ilusiones mi península
Pues mi impaciente Decán desecó el arrebato
que ya repone sus ímpetus en mi Bengala
para viajar hasta el portal de otro río sagrado,
por remontar la pendiente de mis Himalaya
y escalar las alturas imposibles de mis ansias
-sin alcanzarlas-
y al fin parar para escanciarse
-sin medida-
en las sedientas llanuras de mi piel.
Y aunque anhelo el Cherrapunji de mi humilde suerte,
sólo moja el árido noroeste de mi cuerpo.
"¿A qué huele mi tierra -me pregunto-
después de que ha pasado por mí
el monzón de los encantos?
Y responde la tenaz veleidad de esa amante fortuita ,
diosa que ignora que ha pecado,
retrotraída por una franca Margarita:
"a un perfume de sudor y almizcles sublimados,
o a un embalse anegado de efímeros ensueños
que mi alma añorará hasta que vuelva otro verano."