Poemario « Con Sentido » – VI

Aprendiz de Adivino

Él sólo es un aprendiz de adivino
que no se fía de sus cinco compinches,
especula por deporte y decanta
por lo que cree ser lo más digno de crédito,
aunque frecuentemente pierda la apuesta,
porque igual de vaga que sus predicciones
suele ser la frustración por sus derrotas.

Es mi sexto sentido mascullando
los ires y venires de los otros;
hay quienes lo confunden con intuición,
pero lo suyo tiene más sentido:
es más que un perceptor de realidades,
un ávido captor de evanescencias
-perfumes extraviados en el éter-
y un experto atador de cabos sueltos
(según se cree él, el muy ladino y mañoso).

Sólo sabe de atisbos y latires,
no de lógica y sentido común.
Muy frecuentemente da en la diana,
por más difícil que sea acertarle
y nunca se vanagloria de ello,
aunque propale que ya lo sabía
o insista en restregarte un "te lo dije".

No es un don común entre los humanos,
por lo que aprecio que habite mi casa,
pues me hace ver los verdaderos rostros
de las voces que a diario me asaltan,
sus intenciones ocultas, sus guiños,
y por cierto, también sus desvaríos.

Me hace sentir su complacencia o su rechazo,
y presentir los funestos adioses,
porque es un informante despiadado,
que yo prefiero a los burdos rodeos
de otros relatores más benévolos.

Sé que me hace adivinar el amor
en dondequiera que este se encuentre,
y que me hará presentir la muerte
en dondequiera que esta me aguarde.

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