Con Tiento
Omnipresente en mi tórrida envoltura,
como un alerta vigía alucinado
que palpa la inmediatez de mis fronteras,
presintiendo los hitos del entorno.
Durmiendo a intervalos y a veces soñando
con dar sentido a ciertos "tomas y dacas",
va mi sentido del tacto tentaleando
desde cada punto de la geografía
de esta piel que a duras penas lo contiene.
Es un gurú que medita concentrado
en las yemas de mis dedos y en mis labios,
en sus modos de ver en la oscuridad
y en el éxtasis bendito de los besos.
Cómplice de mi deseo y sus fantasías,
que reboza de ternura en sus asedios,
que trasciende las caricias en su asalto
a los altares de Eros y Dioniso,
trasponiendo los umbrales de otro cuerpo,
para que halle trozo a trozo el Paraíso.
Cada punto de mi piel sabe de roces,
más quiere alcanzar también la misma euforia
orgásmica y sensual de las manos y la boca:
encender fuegos que ardan sin quemar
con qué calentarse los fríos del bregar.
Adivinar el amor bajo la ropa
y de a poco desnudar sus veleidades,
deletreando a oscuras todas las palabras
que Natura ha escrito en un cuerpo de mujer.
Con tacto mi ceguera puede encontrar
los cantares perdidos de algunas arpas,
de cuando en cuando, una aguja en el pajar,
las sonrisas en el rostro de mi hija,
el Norte en mis enloquecidas brújulas,
mis pasos a través de necios descuidos
de los indolentes dueños de la luz,
o las caprichosas sendas de la tierra,
y también, por suerte, mi camino a casa.
Como no consigue abarcar los paisajes,
los construye tocándolos palmo a palmo;
da forma a lo que mi caracol escucha,
develándome sus secretas texturas:
la antología de sus íntimas turgencias,
un atisbo de sus varias fortalezas
más una rara noción de sus confines;
un informe en tiempo real de sus tibiezas
y el punto de quiebre de sus cristales
por mencionar ignoradas sutilezas.
Que su concurso me asista hasta el momento
de abandonar los menajes de este viaje
y que quiera acompañarme más allá,
por si se camina a ciegas en el éter.
Que los dones que cosecho entre sus mieses
queden a salvo de implacables clepsidras
e inesperados tropiezos y reveses.
Con tiento la oscuridad es luminosa,
merced a otro sol que adentro resplandece.