Cibernauta que tientas cuerdas flojas,
volatinero virtual de esos circos
que se derrumban con un solo switch
manipulado por un ser mezquino,
que sin cadenas somete a sus siervos
a otra oscura “Edad Media” de nadas
y los trasmuta en autómatas -lenta
e inexorable- al servicio del Caos:
te estrellarás en el suelo sin Redes,
con una mente tullida e incapaz
de superar sin botones la Matrix,
sin ordenadores ni celular.

¿Quizá prefieras que expresen por ti,
que por ti piensen, sientan o sueñen
los algoritmos de ilusos programas
de inteligencias tan artificiales,
ángel caído del siglo veintiuno?
Entre mentes creativas y robots
existen diferencias abismales:
nuestra inventiva suele ir más allá
de todo aquello que podamos crear,
igual que entre los dioses y los hombres.
Nota que nuestra sensibilidad
crea en la oscuridad chispazos de luz
iluminando trazos de pincel,
conturbando los aires con un canto,
bordando con la música el silencio,
delineando universos con la tinta,
sublimando al movimiento en la danza
o reinventando en el teatro nuestros monstruos,
de modos tales que nos conmocionan:
cielos que ningún autómata alcanza.
¿Quién se olvidó de enseñarte a atisbar
entre los pliegues sutiles del Cosmos?
¿A prescindir del placer de medrar
sólo aspirando el color de una flor,
sólo bebiendo poemas a sorbos,
sólo flotando en el vuelo de un cóndor,
o derivando en cáscaras de nuez?
¿Quién te enseñó a despreciar las proezas
pequeñas o grandes de los otros
y, sobre todo, a ignorar la belleza
donde quiera que se pueda encontrar?
Porque no entiendo tu falta de asombro
ante tantas maravillas del orbe.
¿Será al final producto de tu envidia,
o sólo de tu rampante impotencia
para lograr por ti mismo lo que otros
consiguen con su propia inteligencia?
¿Quién se olvidó de enseñarte a mirar
los dones que hay al fondo de tu arcón,
a regar diariamente la parcela
del sol creciente de tu humanidad?
¿Quién se olvidó de palmearte la espalda,
o de aplaudir de algún modo sincero
cada uno de tus pasos en pos
de un bien mayor que silencioso aguarda:
el premio al que allana el breñal del sendero,
fiel recompensa a todo el que se aplica
y pugna siempre por ir más allá
con la estafeta que otros portaran
por entre la indolente y fatua grey,
que se debate entre absurdas ponencias?
Deja que otros porfíen en sus charadas,
sacraliza tus propias atingencias:
ser un humano no es divertimento,
podrías tú tal vez ser un avatar.
Vuelve a Internet, virtual punto de apoyo
para mover mundos con tus palancas,
hombros de un nuevo gigante en qué trepar
para el cielo tocar con los dedos.
Mas si funámbulo optas por vagar
por cuerdas flojas de litio y de humo,
ojalá y des con los modos idóneos
de realizarte óptimamente, en fin,
de alimentarte espíritu y materia,
Sin depender de artilugio ninguno
Que un loco quiera apagar con un switch.