« Sueño con mariposas » amaneció diciendo Rita la lombriz.
« Es un mal augurio » dijo su hermana. Yo vi dos volando el otro día por encima de la salvia cuando una red las atrapó.
« Esos bichos vienen a presumir de revoloteos y colores y se les olvida de dónde vienen: gusanos entre los gusanos » dijo otra.
« Lombrices con cuernos » se oyó.
« Lepidópteros venidos a más »
« Larvas inestables »
« Ahí andan nomás papaloteando, las de la friega aquí somos nosotras… »
« No me digas que aspiras a ser como ellas ».
Así siguió la conversación, mientras trabajaban en sus galerías removiendo el barro pegajoso.
Rita se hubiera tapado los oídos para no seguir oyendo críticas. Se hubiera también tapado los ojos para seguir soñando, pero resulta que las lombrices no tienen ni ojos ni oídos: en su piel se encuentran todos sus sentidos .
Con todas sus fuerzas Rita cavó y cavó hacia el centro de la Tierra hasta llegar a un lugar en el que pudiera -simplemente- seguir soñando con mariposas.