
Es un árbol sin raíces
Que camina con el viento
La que escuchó mi hablar lento
Y preguntó —¿Qué me dices?-
Sólo que nos fertilices
El corazón liberiano
Con el pensamiento arcano
De que todos somos uno
Y que estamos en ayuno
De tratarnos como hermanos.
Se le encendió la mirada
Y le abrí nuestros senderos
De follajes y veneros
Entre frondas encantadas
Preferidas por las hadas
Y trasplanté entre sus sueños
Yemas y brotes risueños
Que le hablarán al oído
Con el más tierno sentido
De nuestros vanos empeños
Por convivir sanamente
Con el hombre y su destreza
De marchitar la belleza
De trastocar el ambiente
Y destruir la simiente
Que permita resetear
Reponer y repintar
De algún modo nuestro entorno
Junto al más preciado adorno:
Nuestra biota universal