Intercambiaron un alma Grande por descuido
Por un dulce corazón que palpita en las sombras
Que no sé cómo llegó sin causar ningún ruido
Hasta esta gruta ermitaña vacía de sobra.
Tan sólo fue el hechizo de su voz de Nereida
como un arrollo de luz discurriendo apacible
Bien que invadió sin avisos el haz de mis arterias
eco del arpa que arpegia en sus cuerdas, sensible.
Tan sólo fue su sonrisa de Eva madura
Jugando en el vergel de un Paraíso fugaz
Dejando en el alma una cruel marcadura
Y un suave aroma de rosas fulgentes detrás
Su corazón no es la dulce Ambrosía de los dioses
sino la copa en que escancia el amor sus ternuras
Como un susurro que ampara un secreto a voces
Que se pronuncia por dar con la dicha futura
Dulcificaron tu yin corazón con desearlo
Desconociendo el tesoro escondido en tu nombre
Pues Donají es Alma Grande y no dulce Mío Cardio
Y ambos te saben nombrar sin que ninguno sobre.