Las palabras del Rey

Haciendo eco a las palabras del Rey (no el de chocolate, no Felipe de España, sino Jelipe el Nuestro) y para que no diga su mujer que nadie le hace caso: en nuestra gustada sección “#yo-nomás-digo” tocaré uno de los temas que el soberano expuso ante el Parlamento Europeo el pasado 8 de abril: la pérdida de confianza en las instituciones políticas.

Después de regalarnos con la receta para dar solución a la actual crisis, desde la guerra en Ucrania pasando por la economía, la defensa y el clima (se hubiera evitado el viaje, mi marido ya tenía identificados los remedios, nomás pregúntenle), el Rey “expresó su preocupación frente a la creciente tendencia autocrática en el mundo”.

Sí, Jelipe me leyó el pensamiento y eso que no viene seguido por mis rumbos.

¿Cómo tiznados no vamos a perder confianza en las instituciones políticas?

En esta particracia en la que vivo, tomo el caso de Monsieur el Vecino (ejemplo no contractual, no exhaustivo, no representativo, que nadie se me ofenda). Acudirá a las urnas, como cada vez que es convocado, no llevado por la vehemencia de defender sus convicciones políticas, sino por evitar la multa (el voto es obligatorio en Bélgica). La familia ya planeó el almuerzo y -como es domingo- habrá aperitivo.

Monsieur se forma. Seguro que la cosa va a ir rápido. Se cala los lentes, y ya sea en el papel que contiene su lista electoral -semejante en forma y talla a un mantel para picnic- o en la pantalla de la computadora, buscará durante diez minutos el logo del partido por el que votaban sus padres, su abuelo y bisabuelo. El aperitivo lo espera, no se detiene a mirar atrás. Su esposa dice que antes de 1948 las mujeres no tenían que votar. Qué suerte la suya.

Después de contar y recontar, imaginemos que ganó el partido Rosita. Rosita no va a poder gobernar sin una coalición. Tendrá que negociar con Azul, Morado, Verde y Verde Obscuro. Después de un año de intercambiar canicas, subirá al poder el partido Blanco.  Capisce?

En otros horizontes:

Me aterra uno de los posibles resultados de las próximas elecciones en ese país pueril con poder de destrucción masiva.

Me aterra la situación en el país en donde los disidentes mueren envenenados o defenestrados y cuyos líderes se alimentan de jugo de caos.

Me aterra la situación de los países en dónde los que cuestionan al poder son ejecutados, marcados a hierro con la T de traidores o aún peor: fagocitados por poderes obscuros.

Deprimente es la perspectiva de escoger el mal menor o -aún peor- abandonar el deber cívico.

Mi buen Jelipe: yo quería levantarte el ánimo y que dejaras de preocuparte, pero pensándolo bien: preocúpate y mucho.

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